viernes, 28 de mayo de 2010

Básicos

Hace algún tiempo escribía blogs. No es que tuviera mucho que decir, sino que tenía menos que hacer. Ahora empecé este blog con un solo fin: ser parte de los Daring Cookers & Bakers. Así que pedí mi membresía tanto de cocina como de repostería (por que soy un poquito soberbia en cuanto me pongo un mandil).


Total que me aceptaron para el reto de mayo y mayo se acaba y yo ni empiezo el blog, ni escribo ná de ná, ni subo artísticas fotos de humeantes platillos, ni propongo audaces cambios a la receta original.


Lo que sucede en realidad es una soberana estupidez de las que suelen acosarme. En la primera semana de mayo abrí el reto de Daring cookers y ¡sorpresa! la retadora experiencia culinaria que me esperaba era un platote de... enchiladas verdes. ¡Dios! Había varias opciones. Opción a) Agarrar tres tomatillos del refri, un pedazo de cebolla y un par de chilitos pachichos, buscar dos tortillas de ayer y un pedazo de pollo que no se comió Paula y... hacer la cena de todos los días. Opción b) Lucirme como la mexican curious de la daring kitchen y hacer unas enchiladas "de autor". Y ahí empezaron los problemas... salsa verde acilantrada, desde luego, pero que tal una crema de brie sobre la última capa; o una salsa de chile ancho dulzona y plátano macho en tostones en vez de tortillas; o maíz azul, chile morita y pato. Y así me entretuve pensando tarugadas como dos semanas, hasta que Dios en su infinita sabiduría me mandó en metro al mercado de Sonora.


Y ahí voy, sacrificada madre a buscar un disfraz de coneja, con mi mapita del metro. Me bajé en Merced y ahí fui a salir, como venado lampareado, enmedio de los puestos de chiles, harinas, especias, hojas de maguey, hongos, calabacitas y quelites. "¡Uy!", pensé super babas, "aquí consigo todo para mis enchiladas gurmé." Y me di a la tarea de buscar mis ingredientes (desde luego no sin antes conseguir el trajecito conejil). Total que mi acusiosa búsqueda terminó en un deambular de zombie por la nave menor de la Merced (si hubiera sido la mayor, probablemente ahí seguiría). Poco a poco me di cuenta de lo ridículo que era pretender innovar unas enchiladas, cuando en realidad mi conocimiento de la cocina mexicana se reduce a poder elegir con acierto qué pambazos comerme en una kermés de pueblo. Un par de comentarios de dos marchantas acerca de los distintos tipos de papel para preparar mixiotes (tras la queja de encarecimiento de la hoja de maguey), una plática oída a hurtadillas sobre las virtudes culinarias del cocimiento de cáscaras de tomate, el descubrimiento de que toda mi vida he comido quesadillas de "patas" de champiñón (¡qué cuesta la cuarta parte, porque es desecho!), y el doloroso descubrimiento de que conozco tantos tipos de chile como un europeo con culturita, me pusieron en mi lugar.


Humildita, compré harina y hojas de maíz, tomates, chiles verdes, cebolla y manteca. Y me fui a mi casa, a planchar mi mandilito y disponerme a hacer unos básicos, simples, fundamentales tamales verdes.

No hay comentarios:

Publicar un comentario