Va la historia del reto.
El reto era hacer un paté y pan costroso (?). El pan no me resultó una novedad, pues ya reprobé panadería una vez. Pero el paté, eso sí era territorio comanche.
Había varias opciones de paté. Algunas con hígados de vaca y cerdo, tripas, manteca y otras fuentes deliciosas de toxina. El asunto es que mi conciencia alimentaria (que es como un Pepe Grillo que me habla con acento michoacano) no me permitió picar y moler sacos de desechos sistémicos. Elegí la sana opción de paté de pescado y camarón.
El primer problema que enfrenté es que no hay truchas frescas en toda la ciudad. Mi opción era ir a pescar una a la Marquesa, pero eso ya era “too much from scrap”. Así que procedí a usar lo que había en mi refri y a hacer cambios a la receta para poder trabajar con un pescado menos grasoso y con menos sabor: huachinango.
Ingredientes:
30 gramos mantequilla
250 gramos de camarones, pelados, descolados y sin la venita negra y repugnante.
30 mililitros de tequila aromatizado con jamaica
250 gramos de huachinango
180 mililitros de crema
Sal
Pimienta
Chipotles dulces
Saltear la mitad de los camarones hasta que estén rosas. Flamear con el tequila. Cortar en láminas. Reservar.
En el procesador de alimentos moler el pescado cortado en cubos, el resto de los camarones y 150 mililítros de la crema. Procesar hasta que quede una pasta untable. Si hace falta crema, añadir el resto. Condimentar con sal, pimienta y chipotles.
En un molde de panqué, enmantequillado y forrado con papel encerado, o en un molde para terrina colocar una capa de la pasta. Añadir una capa de lso camarones en lámina. Terminar con más mezcla.
Llevar a horno a 180º C por 35 minutos. Debe quedar firme y las orillas deben despegarse.
Nos lo comimos con un pan francés que hice. Quedó muy rico, pero nunca alcanzó color en la corteza.
Estuvo delicioso, aunque quizá semejante idea provino del Casillero del diablo rosé que nos bebimos a muy buen ritmo mientras comíamos muchas tostas de paté.
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