lunes, 2 de agosto de 2010

Postres líquidos

La historia no es nueva. Hace unos meses nos enclaustramos en un hotel de Huatulco. Como la epidemia de influenza acababa de pasar, dejando al país más tembeleque que de costumbre, pudimos pagarnos una semana en un todo-incluido de esos que sólo son para gringos (que siempre creen que hay cámaras de Wild on escondidas) o para decadentes europeos rebosantes de euros y de melanomas en la calva. El ambiente era bastante divertido: unos cuantos gabachos alternativos, dos familias argentinas que parecían no entender español y hartas familias mexicanas que habían llegado por carretera desde Oaxaca, Puebla y Tuxtla Gutiérrez. El turismo nacional se limitaba a abrir los ojos asombrados ante lo que nuestro querido Felipe llama “puro lujo”: infinitas toallas frescas en la alberca, grandes asadores en los que nunca se agotan los rib-eyes y sobre todo la barra libre internacional.


Casi en cuanto llegamos me conseguí el mejor amigo posible: Próspero, el barman de la alberca. “Próspero, ¿qué me tomo?”, le decía cada media hora, confiada en su sapiencia alcohólica. “Ya es tardecita, señora”, me dijo el último día de playa, “Le voy a preparar un buzzlai”. No me fijé muy bien cómo lo hacía, porque el mar era digno de verse y ya me había tomado una margarita de tamarindo, un gin & tonic y un long island iced tea. Lo que me sirvió fue un coctel de postre: casi un helado de crema con decoraciones de chocolate y muchos grados Gay Lussac. En aquel momento no lo pensé; pero al día siguiente, en pleno vuelo rumbo a la ciudad de México, me di cuenta: “¡Soy una idiota! No le pregunté que lleva el buzzlai”.

Durante algunos días lo estuvimos googleando, hasta que Marco lo encontró. En realidad se llama Chocolate buzz, pero seguramente a los cantineros oaxaqueños les pareció mejor rendir un homenaje al héroe de acción de Toy Story o de plano no entendieron el nombre que pronunció un gringo ya más bien borracho. La receta la pueden encontrar aquí http://www.drinksmixer.com/drink2831.html, pero debo decir que en Oaxaca le añadían una medida de whisky y lo hacían frappe. Desde luego, ¡una mejor versión! Afortunadamente, para igualarla nos hemos dado a la tarea de preparar e ingerir una buena cantidad de postres líquidos.

El sábado pasado invitamos a unos amigos a cenar. De postre preparé un crumble de manzanas y peras: la fruta se pica y se ablanda a fuego medio con mantequilla y azúcar, después se coloca en una fuente y se cubre con streusel o crumbles (una mezcla de mantequilla, azúcar, harina y canela), se hornea hasta que dora. Para acompañarlo, Marco inventó un trago verdaderamente delicioso. Dice que se llama: Britneis Pears. Va la receta:



1. Almíbar de pera



Una pera pelada y cortada finamente

125 mililitros de agua

125 gr de azúcar



Hervir la pera con el agua y azúcar, hasta que quede muy tierna. Hay que hacerlo a fuego lento para que el agua no se consuma, si es necesario se puede añadir un poco más.

Licuar la pera y tamizarla.

Dejar enfriar en el refrigerador.



2. Ahora sí… el coctel.



2 medidas de leche

1 medida de almíbar de pera

1 medida de Absolut Pears

Hielo

Chocolate líquido



Mezclar en “cheiquer”. Servir sin hielos en una copa decorada con chocolate líquido.



¡Salud!

viernes, 18 de junio de 2010

Al fin...

¡Al fin hice el reto de los Daring! Como en esta semana no tengo mucho trabajo (acabo de terminar un libro lleno de espantosos caracteres griegos y estoy por empezar otro con el que hoy me hice un poco tonta).

Va la historia del reto.

El reto era hacer un paté y pan costroso (?). El pan no me resultó una novedad, pues ya reprobé panadería una vez. Pero el paté, eso sí era territorio comanche.


Había varias opciones de paté. Algunas con hígados de vaca y cerdo, tripas, manteca y otras fuentes deliciosas de toxina. El asunto es que mi conciencia alimentaria (que es como un Pepe Grillo que me habla con acento michoacano) no me permitió picar y moler sacos de desechos sistémicos. Elegí la sana opción de paté de pescado y camarón.


El primer problema que enfrenté es que no hay truchas frescas en toda la ciudad. Mi opción era ir a pescar una a la Marquesa, pero eso ya era “too much from scrap”. Así que procedí a usar lo que había en mi refri y a hacer cambios a la receta para poder trabajar con un pescado menos grasoso y con menos sabor: huachinango.



Ingredientes:

30 gramos mantequilla

250 gramos de camarones, pelados, descolados y sin la venita negra y repugnante.

30 mililitros de tequila aromatizado con jamaica

250 gramos de huachinango

180 mililitros de crema

Sal

Pimienta

Chipotles dulces



Saltear la mitad de los camarones hasta que estén rosas. Flamear con el tequila. Cortar en láminas. Reservar.

En el procesador de alimentos moler el pescado cortado en cubos, el resto de los camarones y 150 mililítros de la crema. Procesar hasta que quede una pasta untable. Si hace falta crema, añadir el resto. Condimentar con sal, pimienta y chipotles.

En un molde de panqué, enmantequillado y forrado con papel encerado, o en un molde para terrina colocar una capa de la pasta. Añadir una capa de lso camarones en lámina. Terminar con más mezcla.

Llevar a horno a 180º C por 35 minutos. Debe quedar firme y las orillas deben despegarse.

Nos lo comimos con un pan francés que hice. Quedó muy rico, pero nunca alcanzó color en la corteza.

Estuvo delicioso, aunque quizá semejante idea provino del Casillero del diablo rosé que nos bebimos a muy buen ritmo mientras comíamos muchas tostas de paté.


jueves, 10 de junio de 2010

Alambre invertido

Inventé esta receta para la cena porque encontré una oferta-promoción de pimientos rojos. ¡Quedó muy buena!


Ingredientes

Cuatro pimientos rojos grandes
½ kilo de pulpa de res
1 cebolla grande
1 diente de ajo
1 pieza de chorizo rojo
1 puñado de nueces (opcional)
Queso (para fundir)
Crema

1. Preparar los pimientos:

En una olla con agua hirviendo, sumergir los pimientos por 4 minutos.
Cortar la parte superior de los pimientos para hacer una especie de tapa.
Desvenar y retirar las semillas.


2. Preparar el relleno.
Picar la cebolla y el ajo. Cortar en tiritas la pulpa de res. Cortar el chorizo en rodajas y despegar la tripa-envoltura plástica.

Ahora va una preparación apta para el subdesarrollo.

Colocar los pedazos de chorizo en una cacerola o sartén alto de fondo grueso. Añadir agua, hasta cubrir el embutido. Poner a fuego alto. Mientras el chorizo hierve, deshacerlo con una pala, para que quede como en migajitas. Dejar que el agua se evapore y el chorizo se fría en su propia grasa. Está técnica le da muy buen sabor a la preparación y además garantiza la muerte no sólo de las tradicionales bacterias sino de la temible Trichinella. Este bicho con nombre de vedette argentina es responsable de la triquinosis, una enfermedad que provoca irremediables y desquiciantes dolores musculares.

Una vez que el chorizo se está friendo en su propia grasa, añadir la cebolla y saltear hasta que se ponga transparente. Añadir el ajo y la carne. Es muy importante que el jugo que suelte la carne nunca haga que ésta se empiece a hervir. Para lograrlo es mejor trabajar en porciones pequeñas o usar sartenes muy grandes que eviten que la carne se sobreponga. Si de plano, el asunto se pone loco, es mejor sacar la carne y ponerla sobre un colador para que escurra el jugo tibio antes de ponerla de nuevo sobre el fuego. Dejar que la carne se selle bien.

Si se desea se puede añadir entonces un puñado de nueces picadas tostadas.

Rellenar lo pimientos con la carne y cubrir con el queso en cubos. Colocar los pimientos en una cocotte (o lo que viene siendo cazuela de hierro colado apta para el horneado) previamente engrasada con aceite de olivo.

Poner a 180º C durante 25-30 minutos.

Antes de servir, abrir la tapa y añadir una cucharada grande de crema fría.

Hi tech tamales

Va la receta de los mentados tamales. La verdad, quedaron bastante buenos, aunque les pusimos poca salsa. El mérito es de mi marido porque de pronto se reveló ante mis ojos un gen tamalero que no le conocía. ¡Todo un hallazgo!

Primer ingrediente básico: Una batidora Kitchen Aid ¡jejejeje!

Otros ingredientes:

250 gramos de manteca (le pusimos vegetal porque nos han infundido mucho temor a la grasa animal)
1 kilo de harina de maíz
Una cucharada de polvo de hornear
Caldo de pollo bien hecho (fondo de ave, decían los profes en Argentina) en cantidad considerable y muy bien sazonado.

Acremar la manteca en la batidora.
Mezclar el polvo de hornear con la harina.
Añadir los secos poco a poco e intercalar con el caldo de pollo.
Batir, batir, batir hasta que una bolita minúscula de masa flote en un vaso de agua (parece nigromancia, pero es mera física: el peso específico de la masa, gracias a la cantidad de aire que guarda en su interior, es menor al del agua. ¿Qué tal? Nerdez pura, también otro gen ya previamente revelado de mi señor esposo)

Con la masa ya lista se rellenan las hojas de maíz, previamente remojadas pa´que ablanden. Se coloca el relleno con su salsa en el centro y se pliega la hoja de manera que la masa se doble sobre sí misma. Si no se tiene idea de cómo lograrlo, como era mi caso, se puede intentar reconstruir mentalmente, el proceso de desdoblamiento de un tamal, durante el cual se desprenden finas láminas de masa cocida que dan buenas pistas sobre el sistema de plegamiento empleado.

Se cuecen en vaporera, a fuego medio, durante poco más de una hora. Es mejor dejarlos reposar en la vaporera cerrada; en parte porque queman si uno intenta comérselo recién cocidos y también porque la consistencia mejora considerablemente con el reposo.

Nos divertimos mucho haciendo tamales. Mi hija les puso colorante, leche condensada y pasas y se hizo unos tamalitos dulces-con-fondo-de-ave de rechupete. Así que planeamos seguir experimentando con la Kitchen y los ingredientes milperos. A ver cómo nos va.

viernes, 28 de mayo de 2010

Básicos

Hace algún tiempo escribía blogs. No es que tuviera mucho que decir, sino que tenía menos que hacer. Ahora empecé este blog con un solo fin: ser parte de los Daring Cookers & Bakers. Así que pedí mi membresía tanto de cocina como de repostería (por que soy un poquito soberbia en cuanto me pongo un mandil).


Total que me aceptaron para el reto de mayo y mayo se acaba y yo ni empiezo el blog, ni escribo ná de ná, ni subo artísticas fotos de humeantes platillos, ni propongo audaces cambios a la receta original.


Lo que sucede en realidad es una soberana estupidez de las que suelen acosarme. En la primera semana de mayo abrí el reto de Daring cookers y ¡sorpresa! la retadora experiencia culinaria que me esperaba era un platote de... enchiladas verdes. ¡Dios! Había varias opciones. Opción a) Agarrar tres tomatillos del refri, un pedazo de cebolla y un par de chilitos pachichos, buscar dos tortillas de ayer y un pedazo de pollo que no se comió Paula y... hacer la cena de todos los días. Opción b) Lucirme como la mexican curious de la daring kitchen y hacer unas enchiladas "de autor". Y ahí empezaron los problemas... salsa verde acilantrada, desde luego, pero que tal una crema de brie sobre la última capa; o una salsa de chile ancho dulzona y plátano macho en tostones en vez de tortillas; o maíz azul, chile morita y pato. Y así me entretuve pensando tarugadas como dos semanas, hasta que Dios en su infinita sabiduría me mandó en metro al mercado de Sonora.


Y ahí voy, sacrificada madre a buscar un disfraz de coneja, con mi mapita del metro. Me bajé en Merced y ahí fui a salir, como venado lampareado, enmedio de los puestos de chiles, harinas, especias, hojas de maguey, hongos, calabacitas y quelites. "¡Uy!", pensé super babas, "aquí consigo todo para mis enchiladas gurmé." Y me di a la tarea de buscar mis ingredientes (desde luego no sin antes conseguir el trajecito conejil). Total que mi acusiosa búsqueda terminó en un deambular de zombie por la nave menor de la Merced (si hubiera sido la mayor, probablemente ahí seguiría). Poco a poco me di cuenta de lo ridículo que era pretender innovar unas enchiladas, cuando en realidad mi conocimiento de la cocina mexicana se reduce a poder elegir con acierto qué pambazos comerme en una kermés de pueblo. Un par de comentarios de dos marchantas acerca de los distintos tipos de papel para preparar mixiotes (tras la queja de encarecimiento de la hoja de maguey), una plática oída a hurtadillas sobre las virtudes culinarias del cocimiento de cáscaras de tomate, el descubrimiento de que toda mi vida he comido quesadillas de "patas" de champiñón (¡qué cuesta la cuarta parte, porque es desecho!), y el doloroso descubrimiento de que conozco tantos tipos de chile como un europeo con culturita, me pusieron en mi lugar.


Humildita, compré harina y hojas de maíz, tomates, chiles verdes, cebolla y manteca. Y me fui a mi casa, a planchar mi mandilito y disponerme a hacer unos básicos, simples, fundamentales tamales verdes.